Quedarse toda la tarde vendiendo a unos crios y llegar a casa a las nueve de la noche. Total, ¿para qué?

Hace un rato me ha entrado bajón, no sé por qué. No quería más que desconectar totalmente. Me he puesto los cascos, he apagado la luz, la música a tope y me he tumbado en la cama.

Cada vez me quedan menos fuerzas, menos ilusiones, menos esperanzas.

Un saludo.

«Oigo las bombas, águilas de terror.»

Europa, Mónica Naranjo.


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